Curiosidades

Asesinato en la Málaga Industrial, ¿Qué pasó realmente?

By octubre 9, 2020 No Comments

¡Hola Exiter! Si estás aquí, casi seguro que es porque acabas de resolver el caso de nuestra ruta Asesinato en la Málaga Industrial. Si no es así… ¡Para ahora mismo, abre nuestra app y ponte en camino! Nosotros te esperamos aquí para que sigas leyendo este artículo cuando acabes. Ahora que ya sabemos que no estás haciendo trampas y que quieres conocer un poco más sobre qué ocurrió en realidad… ¡Empezamos!

Antes de nada, te presentamos a los protagonistas:

Manuel Loring: La víctima. Descendencia de dos de las familias socioeconómicamente más influyentes de Málaga en el siglo XIX. Hijo de Jorge Loring Oyarzábal y Amalia Heredia Libermore. Participó activamente en la política siendo diputado a Cortes por el Partido Conservador en 1884 y concejal del Ayuntamiento de Málaga en el momento de su muerte.

Francisco de Asís García Peláez: El autor del crimen. Nacido en el seno de una familia de tradición periodística. Hijo de Rafael García Sánchez, director y propietario del conocido Diario Mercantil desde su fundación en 1866, diario que heredaría más tarde nuestro protagonista. Por su propia cuenta fundó y dirigió El Fígaro, un periódico de literatura y arte, aunque tan solo llegó a publicar cuatro números.

Ahora que ya sabes un poquito más sobre quiénes eran la víctima y el asesino, te contamos lo que se dice que fue lo que pasó porque, aun día de hoy, sigue sin estar del todo claro. Así como tampoco se sabe cuáles fueron las verdaderas motivaciones que llevaron a ambas partes a actuar así y que tuvo este trágico desenlace.

El Diario Mercantil era un periódico caracterizado por luchar contra la corrupción, persiguiéndola y denunciándola públicamente en sus páginas con nombres y apellidos. Estando Franciso de Asís García Peláez al mando de este diario, llegaron unas informaciones sobre una serie de fraudes cometidos por el empresario Joaquín Ferrer y Casanova, que se publicaron durante su candidatura a la alcaldía de Málaga, poniendo en peligro su posible victoria.

Ante esta situación, Ferrer y Casanova no podía quedarse de brazos cruzados, por lo que no fueron pocos los hombres de su entorno los que hicieron visitas a Francisco en busca de un trato que comprase su silencio.

Al ver que nada de esto funcionaba, uno de los ediles de la candidatura del empresario decidió tomar la iniciativa para acabar con esta situación tan poco conveniente para su futuro político, y ese fue Manuel Loring. Decidió entrevistarse personalmente con Francisco de Asís sin previo aviso en uno de los lugares que más frecuentaba: el Café Inglés.

En aquel local, dijeron los testigos, comenzó una acalorada discusión que poco después se trasladó a un callejón de los alrededores. Allí, Loring golpeó repetidas veces la cabeza del periodista con un objeto punzante hasta que se oyeron tres disparos. Acto seguido, García Peláez huyó de la escena del crimen, dejando atrás el cuerpo ensangrentado de Manuel Loring. Este último aún seguía debatiéndose entre la vida y la muerte cuando fue trasladado a la casa de socorro más cercana, la de calle San Agustín, donde no pudieron hacer nada para salvarle. Aun así, informaron de que el cuerpo presentaba la herida de dos balas, una de ellas en el estómago y, posiblemente, a quemarropa.

Francisco de Asís García Peláez fue detenido y juzgado por homicidio. El por qué iba armado sin ser conocedor del altercado que viviría aquel día es un misterio, aunque se dice que iba armado desde hacía algún tiempo por protección personal, debido al miedo derivado de las repetidas amenazas procedentes del entorno de Joaquín Ferrer y Casanova, pero la realidad es que nadie más que los dos protagonistas sabrán realmente qué fue lo que pasó en ese callejón y a quién pertenecía esa arma. En el interrogatorio, el periodista declaró que el primer disparo fue al aire con la intención de intimidar a su agresor y que los dos que le siguieron fueron en defensa propia, coincidiendo con el parte médico que emitió la casa de socorro.

El 24 de diciembre de 1891, el que fuera director del Diario Mercantil fue condenado a diecisiete años de prisión en el penal de Santoña, en Santander. Esta sentencia no solo dio por finalizada su buena reputación social, sino que provocó la clausura del periódico familiar, aunque fueron numerosos periodistas quienes salieron a defender su inocencia en nombre del buen periodismo.