Para celebrar que nuestro Escape Room urbano del Destripador ha aterrizado en más de 30 ciudades de España y en Andorra, vamos a hacer un repaso por las distintas teorías que intentan dar solución a uno de los crímenes sin resolver más famosos de la historia y en el que se inspira la historia de nuestra ruta: el caso de Jack el Destripador.

Han sido más de 120 los acusados de los perversos crímenes que se cometieron en Whitechapel a finales del siglo XIX y que se atribuyeron a esta ya mítica figura, pero hoy nos centraremos solo en tres:

Francis Tumblety

Un “médico” americano, y entrecomillamos su profesión porque su titulación al respecto de este oficio era completamente falsa. Llegó a Londres huyendo de Estados Unidos y está demostrado que estuvo en la ciudad de junio a noviembre de 1888, coincidiendo en el tiempo con los crímenes de las víctimas canónicas.
Se consiguieron declaraciones de personas que conocían a este curandero en su país de origen. Estas decían que el hombre tenía una habitación repleta de úteros clasificados por clases sociales. ¿Averiguas cuál fue el primer órgano que se llevó Jack el Destripador de una de sus víctimas? Efectivamente, un útero. 
Además, se conoce que un médico americano se dio a la fuga de uno de los hospicios de Londres durante la época en la que se cometieron los crímenes. Un hombre que llegó al lugar bañado en sangre la noche anterior.

Aarón Kosminski

Fue uno de los sospechosos más claros para la policía en aquella época. Un residente de Whitechapel que sufría de esquizofrenia y con un odio patológico hacia las mujeres que había atacado anteriormente a una serie de prostitutas de la zona.
Contra él se han encontrado con posterioridad pruebas científicas en el chal de una de las víctimas. Uno de los policías que descubrió el cuerpo de una de las víctimas canónicas, Catherine Eddowes, decidió robar de la escena del crimen esa prenda y regalársela a su mujer. Esta nunca se lo puso nunca y ha pasado de generación en generación hasta que, en 2014, salió a subasta y acabó en manos de Russell Edwards, un escritor que buscaba la verdadera identidad de Jack el Destripador. Una vez comprado, decidió hacerle pruebas de ADN al chal y consiguió dos coincidencias: Catherine Eddowes y Aaarón Konsminski. 
Aun así, esto no demuestra que el polaco fuese el verdadero asesino, ya que la prenda pertenecía a una mujer que trataba con muchas personas y, además, las fechas de todas las canónicas no encajan debido al ingreso del hombre en un hospital psiquiátrico.

‘Mandil de cuero’

Así apodaban inocentemente desde hacía tiempo a John Pizer, un zapatero judío que acostumbraba a llevar esa prenda durante su jornada de trabajo. Este sobrenombre adquiriría otras connotaciones mucho más oscuras y truculentas tras ser usado para ese fin por la prensa al relacionarlo con los asesinatos del Destripador de Whitechapel.
Era sabido en la zona que Pizer se dedicaba a humillar y agredir a las prostitutas, pero esto no era un problema que preocupase excesivamente a la policía de la época si no llegaba «a mayores». Aun así, fue detenido tras la acusación de ser el autor de estos crímenes y, posteriormente, puesto en libertad por falta de pruebas.

¿Crees que el verdadero asesino se esconde detrás de alguno de estos nombres? ¿En qué teoría piensas que está inspirada nuestra aventura de escape urbano? ¡Cuéntanoslo todo en nuestras redes sociales!